En pleno confinamiento por la pandemia, una escritora nigeriana instalada en las afueras de Maryland se ve empujada a una revisión implacable de su vida: los lazos familiares que se tensan a distancia, las amistades sostenidas por…
Descargar
En pleno confinamiento por la pandemia, una escritora nigeriana instalada en las afueras de Maryland se ve empujada a una revisión implacable de su vida: los lazos familiares que se tensan a distancia, las amistades sostenidas por videollamadas y, sobre todo, los amores que nunca llegaron a conocerla del todo. Entre el miedo al contagio y el silencio de una casa vacía, empieza a desenterrar recuerdos —un compañero de universidad al que nunca se atrevió a abordar, una relación adictiva y humillante con un profesor tan magnético como esquivo— en busca de una respuesta a por qué nadie, hasta ahora, la ha conocido en profundidad.
La novela arranca con la reclusión forzada de Chiamaka, escritora de viajes de origen nigeriano, en su casa solitaria de Maryland, cuando el mundo se detiene de golpe. Lo que empieza como una promesa de aprovechamiento personal —rutinas de autocuidado, artículos pendientes, un libro por fin terminado— se desmorona en pocos días: el pánico ante gestos tan simples como tocarse la cara, la desconfianza hacia las noticias, el cuerpo que se rebela con dolores y letargo. El aislamiento físico se convierte en el escenario perfecto para una introspección que la narradora no había podido, o querido, encararse antes.
A través de videollamadas fragmentadas, la novela teje un retrato coral de una familia dispersa por el mundo: los padres en Enugu, que discuten sobre cifras de muertos y desinfectantes con un humor sombrío; los hermanos gemelos, uno en un Lagos sacudido por protestas y saqueos, el otro en Londres, enzarzados en rencillas que la pandemia no logra apaciguar; y la prima Omelogor, en Abuya, la única que parece intacta ante la incertidumbre colectiva. A ese círculo se suman amigas repartidas por distintos continentes —Zikora, LaShawn, Hlonipha, Lavanya— cuyas pequeñas anécdotas domésticas (una cola para el papel higiénico, un perro que ladra tras la muerte de su dueña, una acuarela que sale más pálida de lo esperado) dibujan la extrañeza compartida de un mundo detenido. Un hilo más doloroso recorre la relación de la protagonista con Kadiatou, la mujer que trabaja en su casa, atrapada en una espera judicial que la sume en el miedo y el silencio.
De ese repaso vital surge, inevitable, la memoria amorosa: un compañero de clase coreano al que nunca llegó a entregar su número de teléfono, y años después, una relación absorbente con Darnell, un profesor universitario tan seductor como frío, que exige de ella historias inventadas y desapego emocional a cambio de migajas de atención. La narradora reconstruye esas relaciones con una honestidad que no se ahorra el ridículo ni la humillación, para entender por qué, en cada intento, se quedó a las puertas de sentirse verdaderamente conocida.
Con una voz íntima y a menudo irónica, la novela combina la crónica generacional de una diáspora africana golpeada por una crisis global con una indagación más personal sobre la soledad, el deseo, el paso del tiempo y la posibilidad —o la imposibilidad— de que otra persona llegue a conocernos por completo.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.