Nacida en Ucrania el 20 de diciembre de 2001, apenas horas antes de que Fernando de la Rúa huyera de Argentina en helicóptero, una joven vive en Buenos Aires junto a Héctor, un politólogo especializado en derechos humanos.
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Nacida en Ucrania el 20 de diciembre de 2001, apenas horas antes de que Fernando de la Rúa huyera de Argentina en helicóptero, una joven vive en Buenos Aires junto a Héctor, un politólogo especializado en derechos humanos. Entre las mañanas compartidas en Villa Devoto y las reflexiones sobre tecnología, subrogación y colonización digital, emerge una historia sobre identidad desgarrada, el peso de una madre ucraniana cuyo vínculo se cortó, y una generación que carga la historia política sin creer en nada de ella.
Nacida en Ucrania el 20 de diciembre de 2001, apenas minutos antes de que Fernando de la Rúa ascendiera a un helicóptero Sikorsky para huir de Buenos Aires, la narradora llega al mundo en el preciso instante en que Argentina se desmorona. Su partida de nacimiento dice que es argentina, pero sus primeras respiraciones ocurrieron en territorio ucraniano, a seis horas de distancia de la capital que designó como suya una nación que nunca eligió.
Ahora vive en Villa Devoto, en la casa de Héctor, un politólogo que se dedica a estudiar violencia, derechos humanos y los nuevos modos en que el Estado ejerce control. Héctor es un hombre idealista, consumido por sus objetos de estudio, intelectual y convencido de las buenas causas. Ella es su pareja sin pacto explícito, dueña únicamente de lo que cabe en cinco minutos de mudanza. Entre ambos tejen un amor de límites: se leen textos en voz alta, discuten sobre lenguaje y política, se embarracan hablando de cómo la tecnología nos ha colonizado sin que nos diéramos cuenta, cómo China nos vigiló mientras comprábamos en bazares baratos y cómo el mundo se convirtió en prisionero de datos que vende su intimidad por suscripciones.
La muerte de Jane Pitt, actriz famosa que encarnaba el sueño occidental de la maternidad diseñada, desata en internet un aluvión de comentarios. La narradora, miembro de foros y observadora de cómo circula la información global, siente que algo más profundo está ocurriendo. Mientras Héctor prepara una ponencia sobre las nuevas formas de violencia en el siglo XXI, ella reflexiona sobre generaciones sin contradicciones, hijos de millonarios que nunca cuestionarán sus privilegios, y sobre cómo cortó el vínculo con su propia madre ucraniana, una decisión que fue acto de rebeldía y de autodestrucción elegante al mismo tiempo.
La novela se construye como un laberinto donde el pasado irrumpe en el presente. La historia de cómo fue parida en una sala de maternidad ucraniana, de cómo una madre en shock emocional recibió a una bebé sin poder hablar el idioma, se entremezcla con reflexiones sobre identidad, lenguaje como refugio de la rebelión, y las contradicciones de una generación que carga la historia política argentina sin creer en nada de ella. La pregunta central late silenciosa: ¿quién se es cuando nace en un cruce de fronteras, de idiomas, de desmoronamientos?