La obra presenta a Bernardo Vorace, quien tras despertarse con un agujero de bala en la sien descubre la terrible realidad de su inmortalidad. Atrapado en la imposibilidad de morir, el protagonista se ve arrastrado por una deriva de actos…
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La obra presenta a Bernardo Vorace, quien tras despertarse con un agujero de bala en la sien descubre la terrible realidad de su inmortalidad. Atrapado en la imposibilidad de morir, el protagonista se ve arrastrado por una deriva de actos irracionales, pesadillas y encuentros con Marta, la única que permanece a su lado. Una exploración poética de la angustia existencial, donde la muerte se vuelve inaccesible y la vida se convierte en un enigma sin resolución.
Bernardo Vorace despierta en su habitación tras lo que fue su último intento de suicidio. Un agujero de bala perfora su sien, pero él está vivo. Esto no es un milagro: es el inicio de un descubrimiento que le cambiará todo. Después de varios intentos fracasados por terminar con su vida, comprende que es un hombre inmortal, condenado a una existencia donde la muerte se le niega una y otra vez.
La novela traza la deriva de este protagonista a través de episodios fragmentados, donde la razón y la fantasía se entretejen sin fronteras claras. Bernardo experimenta visiones oníricas, participa en actos de violencia, intenta anularse en la conciencia de quienes lo rodean. Su única compañía es Marta, una mujer que lo ama a pesar de todo, que lo cuida aunque sabe que él desea desaparecer. Entre sus páginas habitan pesadillas vívidas —como la de la Gran Mojiganga, una fiesta ritual donde demonios y bestias cobran vida— que revelan un mundo donde lo cotidiano y lo grotesco coexisten sin distinción.
La imposibilidad de la muerte se convierte en un peso metafísico. Marta intenta convencerlo de que su inmortalidad es un don, una oportunidad de conocer todos los rincones del planeta, de presenciar los entierros de sus enemigos. Pero para Bernardo, la falta de fin es un castigo. Sin la posibilidad de término, la moral se disuelve. Sin límites, la existencia pierde sentido.
El desenlace permanece deliberadamente ambiguo: el lector nunca sabrá con certeza si Vorace fue finalmente ejecutado en la cámara de ejecución o si incluso su muerte fue solo un sueño más, una fantasía tejida por una mente que ha aprendido a morar en la irrealidad. La obra cierra con la incertidumbre como única verdad posible.
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