John Waterville regresa a la Nueva Era tras seis meses como único superviviente de una expedición a tierras desoladas. En una mañana de celebración estatal, el explorador transita por una ciudad ordenada y vigilada, pero una inquietud…
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John Waterville regresa a la Nueva Era tras seis meses como único superviviente de una expedición a tierras desoladas. En una mañana de celebración estatal, el explorador transita por una ciudad ordenada y vigilada, pero una inquietud creciente lo invade: algo fundamental ha cambiado en su percepción del Estado que lo formó. En un encuentro casual con una camarera llamada Jenny, Waterville descubre que ya no pertenece del todo a la civilización que pretendía glorificar.
En el año setenta de la Nueva Era, ciento veinte años después de la Gran Catástrofe, John Waterville es el único explorador que regresa vivo de una expedición a tierras extranjeras. Tras seis meses de ausencia, el oficial llega a una ciudad de cemento y vigilancia constante, donde cada ciudadano cumple su función bajo los agentes de Moralidad. La Nueva Era se precia de haber reconstruido la civilización tras el colapso, elevando el Espíritu Humano por encima de los deseos individuales.
Pero Waterville regresa transformado. Esa primera mañana, mientras contempla desde su habitación la cúpula blanca del Santuario, una duda extraña lo acompaña. No es cansancio físico sino algo más hondo: su percepción del Estado ha mutado irremediablemente. Donde antes veía gloria en la marcha colectiva, ahora descubre frialdad. Donde encontraba sentido en el sacrificio individual, ahora siente opresión. Al recibir una carta de la Oficina Presidencial y enfrentarse con la rutina cotidiana—el restaurante vacío, la burocracia, el control omnipresente—Waterville experimenta una alienación que lo aterroriza.
En encuentros breves con Jenny, una camarera que posee una honestidad poco común en el Estado, Waterville vislumbra la posibilidad de conexión humana genuina. Pero la vigilancia implacable, los papeles que todos deben presentar, la amenaza del acondicionamiento psicológico, lo advierten: no puede permitirse la intimidad ni revelar sus pensamientos verdaderos. Conforme avanza el día, Waterville comprende una verdad perturbadora: ya no pertenece ni a la Isla desolada que abandonó ni al Estado que lo formó. Es un hombre entre dos mundos, portador de una inquietud que podría destrozarlo.