El guitón Onofre narra, en primera persona, las peripecias de un joven huérfano de familia labradora que, tras servir a varios amos en Sigüenza, Alcalá, Madrid y Salamanca, se adentra en una vida de engaños y estafas que lo llevan hasta…
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El guitón Onofre narra, en primera persona, las peripecias de un joven huérfano de familia labradora que, tras servir a varios amos en Sigüenza, Alcalá, Madrid y Salamanca, se adentra en una vida de engaños y estafas que lo llevan hasta Valladolid y finalmente a prisión en Calahorra. Escrita en 1604 por Gregorio González, un administrador riojano al servicio de la casa de Arellano, la obra permaneció inédita durante casi cuatro siglos hasta que un ejemplar manuscrito, hallado por azar en un puesto de libros viejos de París en 1927, permitió su publicación por primera vez en 1973, revelando un testimonio temprano y singular de la novela picaresca española contemporánea del Quijote y anterior al Buscón.
El guitón Onofre es el relato autobiográfico de un pícaro nacido en Palazuelos, cerca de Sigüenza, en el seno de una familia de labradores pobres pero honrados. Huérfano de padre y madre, queda al cuidado de un tutor, aunque el verdadero poder doméstico recae en un ama hostil cuyo maltrato despierta en el niño un temprano instinto de venganza. La llegada de un sacristán de la catedral de Sigüenza marca el inicio de su vida de criado: primero sufre las burlas de frutera y compañeros de casa, después aprende a defenderse y a sacar partido de la mezquindad de su amo. Huido de la ciudad, entra al servicio de un piadoso estudiante con quien recorre Alcalá, Madrid y Salamanca, hasta que este decide ingresar en la Compañía de Jesús y lo deja libre de nuevo. Sin amo que lo guíe, Onofre emprende entonces una carrera propiamente delictiva: roba a los jesuitas junto al Tormes y, ya en Valladolid, se hace pasar por recaudador de impuestos reales para amasar una fortuna mediante el engaño. Detenido y condenado a muerte en Calahorra, logra escapar con una argucia y busca refugio primero en Zaragoza y luego, por prudencia, en un convento dominico, donde el relato se interrumpe con la promesa de una segunda parte nunca conservada. Compuesta en 1604 por Gregorio González, administrador de las posesiones de los Ramírez de Arellano en La Rioja, la obra dialoga con el Lazarillo y el Guzmán de Alfarache y se sitúa en el debate crítico sobre su posible relación con El Buscón de Quevedo, aportando una perspectiva distinta —más cercana a la nobleza rural que a la corte— sobre los orígenes y la evolución de la picaresca. Su transmisión material es tan extraordinaria como la propia trama: el único manuscrito conocido sirvió, un siglo después de escrito, para ocultar un mensaje cifrado durante la Guerra de Sucesión española, cruzó el Atlántico hacia la Biblioteca Pública de Lima, sobrevivió al saqueo de la Guerra del Pacífico, reapareció en una librería de viejo parisina en 1927 y terminó custodiado en la biblioteca de un college norteamericano, hasta su edición príncipe en 1973.
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