Aleric narra desde su tumba los secretos que durante siglos la Historia ha callado. Convertido en vampiro en su juventud bretona, ha vivido lo bastante para ver reinos caer y civilizaciones desaparecer.
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Aleric narra desde su tumba los secretos que durante siglos la Historia ha callado. Convertido en vampiro en su juventud bretona, ha vivido lo bastante para ver reinos caer y civilizaciones desaparecer. Pero su verdadera historia comienza mucho antes de su nacimiento: en la maldición de Medhya, una antigua reina cuya sangre engendró toda una raza de inmortales. A través de profecías olvidadas, sacerdocios secretos y poderes que desafían la muerte, Aleric revela la verdadera naturaleza de los Caídos y la guerra invisible que ha moldeado la humanidad desde las sombras.
Hace más de ochocientos años, en el silencio de las ruinas, nació la raza vampírica. Aleric, quien escribe desde su tumba en la era moderna, fue testigo de ese nacimiento cuando Pythia lo marcó con el Beso Sagrado en su decimonona primavera. Pero antes de revelar su propia transformación, debe narrar la leyenda de Medhya.
Medhya fue reina de Myrryd, tierra legendaria donde la Serpiente sagrada le transmitió conocimientos robados a los dominios más allá del Velo. Con ese saber ilícito, fundó tres sacerdocios —Myrrydanai, Kamr y Nahhashim— y reinó durante milenios. Su inmortalidad, sin embargo, la corrompió hasta convertirla en tirana de sus propios súbditos. Cuando invasores extranjeros arrasaron su reino, sus sacerdotes descubrieron la fuente de su poder y la destrozaron: bebieron su sangre, deollaron su piel como prenda de vestir, dejando solo su sombra, que persigue a sus descendientes vampíricos hasta hoy.
Antes de caer, Medhya grabó cuatro profecías con su propia sangre en pergaminos de piel humana. La primera anunció el día en que la sangre cantaría en el escanciador. La segunda profetizó la llegada de un gran pájaro que devoraría a la Serpiente y salvaría a los Caídos. La tercera habló de una tribu condenada a beber sangre de muertos hasta que el Todo fuese el Uno. Y la cuarta permanece en secreto, aunque susurra de una guerra como ninguna otra conocida.
Aleric promete revelar estas verdades que iglesias y reinos han enterrado durante siglos. Desvelará el Gran Templo de Lemesharra, los misterios de Alkemara, los poderes de la Segunda Visión, y la envidia que corroe a Pythia, su creadora. Pero antes, debe contar su nacimiento en Bretaña, en los límites del Gran Bosque, donde comenzó el viaje que lo llevaría al Sacerdote de la Sangre y al conocimiento final de su naturaleza como uno de los Caídos de Medhya.