Christos Andreas vive tras un alto muro, custodiado por guardaespaldas y chóferes, sin jugar nunca con los demás niños del pueblo. Jo, hijo del mecánico del garaje local, lo observa de lejos hasta que una tarde de pesca lo cambia todo: dos…
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Christos Andreas vive tras un alto muro, custodiado por guardaespaldas y chóferes, sin jugar nunca con los demás niños del pueblo. Jo, hijo del mecánico del garaje local, lo observa de lejos hasta que una tarde de pesca lo cambia todo: dos falsos policías detienen el Rolls-Royce de la familia y Jo, testigo accidental, acaba secuestrado junto al chico rico. Encerrados en la buhardilla de una casa aislada, deberán entenderse mientras el dinero, la policía y el miedo se mueven fuera de su alcance.
En una aldea inglesa sin sobresaltos, el hijo del magnate Andreas es una figura casi legendaria: los otros niños lo llaman «el ricacho» y sólo lo han visto tras el cristal tintado de un coche, escoltado por una institutriz severa y un chófer de uniforme. Jo Hawthorn, en cambio, mide el mundo en baterías, cromados y facturas: su vida transcurre en el garaje de su padre, entre reparaciones sencillas y la promesa de un rótulo futuro que dirá «Hawthorn e Hijo».
Los dos mundos se rozan primero de forma inofensiva —un Rolls-Royce que reposta, un apretón de manos manchado de aceite— y luego con un aviso inquietante: un coche de matrícula extranjera, unas palabras en una lengua que Jo no entiende y un guardaespaldas que no aparta la vista ni la mano del bolsillo. Jo intuye que la fortuna de los Andreas viene acompañada de una amenaza que ningún muro alcanza a detener.
Semanas después, mientras pesca en un remanso secreto, Jo escucha frenos, gritos y el golpe de una llave inglesa. Ve lo que no debía ver: dos hombres disfrazados de policía asaltando el coche del magnate. Su intento de huida termina con él atado en la parte trasera de una furgoneta, junto a un compañero de cautiverio que lo recibe con una sola palabra: «incompetente».
Lo que sigue alterna dos frentes. En la casa del magnate, un comisario y un inspector montan una sala de incidentes, discuten recompensas millonarias y calculan qué pedirán unos secuestradores que quizá no busquen dinero, sino poder sobre un hombre con negocios donde la ley se toma por la propia mano. En una buhardilla sin ventanas, con una claraboya como única promesa, Jo cuenta escalones y peldaños, calcula rumbos y prueba cerraduras, mientras Christos exige baños, chocolate con avellanas y una butaca decente, convencido de que su padre negociará.
Entre tebeos, latas de comida y noches sin sábanas, la distancia entre el chico del garaje y el heredero empieza a estrecharse: descubren que sus padres les dicen casi las mismas cosas y que ambos quieren, simplemente, ir a pescar. Una novela de secuestro contada a ritmo de intriga, donde la verdadera tensión no está sólo en la fuga posible, sino en dos niños aprendiendo quién es el otro.
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