Novela policíaca de Arnould Galopin (1912) en la que el detective australiano Allan Dickson une fuerzas con el enigmático Herlockolms —trasunto apócrifo de Sherlock Holmes— para dar caza a un asesino que la prensa londinense bautiza como…
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Novela policíaca de Arnould Galopin (1912) en la que el detective australiano Allan Dickson une fuerzas con el enigmático Herlockolms —trasunto apócrifo de Sherlock Holmes— para dar caza a un asesino que la prensa londinense bautiza como Jack el Destripador, tras el hallazgo de un cadáver mutilado en la campiña de Lyndhurst.
El hombre del traje gris arranca con la llegada a Southampton de Allan Dickson, joven sabueso que regresa de Australia envuelto en cierta polémica profesional. Apenas desembarca, los titulares de un periódico vespertino lo arrastran hacia un crimen brutal: el cuerpo de una mujer, atrozmente mutilado, ha aparecido en la pradera de Lyndhurst. Allí coincide con Herlockolms, detective de fama continental cuyo nombre y método evocan deliberadamente al gran investigador de Baker Street, y ambos inician una colaboración fundada en la deducción minuciosa —el color del cabello, el calzado, una alianza perdida entre la hierba— que reconstruye a la víctima antes de perseguir a su verdugo. La pesquisa da un giro cuando Herlockolms vincula el crimen con una serie de asesinatos idénticos, espaciados en el tiempo y unidos por un solo hilo: la presencia, en cada puerto donde ocurrieron, de un viejo velero de tres palos, el Arabella. La sospecha recae en un posible tripulante, y es Dickson quien se interna, disfrazado de marinero, en los bajos fondos portuarios para infiltrarse en el barco y observar de cerca a una tripulación reservada, entre la que destaca un coloso taciturno cuya sola presencia siembra la duda. Con esa pista en la mano, la narración se traslada a Londres, a una casa discreta de fachada apacible que promete revelar la identidad última del hombre del traje gris. Construida como homenaje explícito a la tradición del relato de enigma inaugurada por Poe y continuada por Conan Doyle, la obra combina atmósfera de niebla portuaria, deducción minuciosa y el eco de un episodio criminal real —los crímenes de Whitechapel— para tejer un folletín de intriga y persecución que fue publicado por entregas en la prensa española de los años veinte.
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