Bajo la lluvia que azota las murallas del Castillo de las Monstruosidades, se prepara una boda que promete ser todo menos serena. Meena, mujer de inteligencia afilada y determinación inquebrantable, llega mojada y fuera de hora, desafiante…
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Bajo la lluvia que azota las murallas del Castillo de las Monstruosidades, se prepara una boda que promete ser todo menos serena. Meena, mujer de inteligencia afilada y determinación inquebrantable, llega mojada y fuera de hora, desafiante ante la hostilidad glacial de su futuro esposo, Sir Jan. Él, acostumbrado a la obediencia de sus vasallos, se niega siquiera a levantarse para recibirla. Entre ellos se teje una pugna de voluntades donde ambos esperan imponer condiciones que el otro parece dispuesto a rechazar.
La tormenta que descarga sobre el Castillo de las Monstruosidades no es la única perturbación que marca la noche de bodas de Sir Jan. Su novia, Lady Meena, ha llegado tarde, humedecida por la lluvia, con las ropas pegadas al cuerpo mojado y el cabello rojo fuego empapado. Sin ser anunciada como corresponde, sin ser recibida con los honores debidos a una futura esposa de su rango, irrumpe en el salón donde su prometido comparte mesa con los invitados, decidido a continuar su cena sin interrupciones pese a la hora tardía.
Sir Jan de Monstrosities es un hombre acostumbrado al poder absoluto, a la obediencia sin cuestionamientos de sus vasallos y cortesanos. Su belleza es evidente: hombros musculosos, pecho ancho, una presencia que impone respeto por su sola existencia. Cuando Meena entra en el salón con paso decidido, él apenas se inmuta, limitándose a dirigirle una mirada fría, crítica, llena de desdén. No se levanta para saludarla. No pronuncia palabras de bienvenida o reconocimiento. Su única respuesta a su llegada es señalar, con tono glacial, que ha llegado tarde y que no la esperará más tiempo.
Meena no es la esposa sumisa y dócil que un hombre como Jan podría esperar encontrar en un matrimonio arreglado. Nacida de una madre sajona y un padre normando, educada en la adversidad y en la rigidez de la vida feudal, posee una inteligencia aguda que iguala la del propio Sir Jan. Entra en este matrimonio sin ilusiones románticas, consciente del mundo brutal que la rodea, pero decidida a obtener algo que nunca tuvo en vida: respeto verdadero y consideración de quien comparta su cama y su título. Cuando se inclina ante su futuro esposo en el salón, sus palabras son medidas, equilibradas, casi contienen una velada crítica sobre su falta de hospitalidad. Cuando nota que su ropaje mojado trasluce su figura, no se avergüenza ni huye; simplemente se sienta como si nada hubiera ocurrido.
Ambos son demasiado similares en su terquedad, demasiado decididos a imponer su propia voluntad sobre el otro. Jan busca la obediencia ciega de su esposa; Meena busca el respeto mutuo y el reconocimiento de su valor como compañera. La noche que debería sellar de manera consumada su unión matrimonial promete ser el comienzo de una batalla silenciosa de voluntades sin tregua, donde ninguno de los dos está dispuesto a ceder ni un ápice. Lo que sucederá después de esa cena, en la oscuridad de las habitaciones privadas del castillo, permanece envuelto en misterio e intensidad.
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