Un prólogo confesional sobre el temor a la inutilidad de lo escrito abre este libro de cuentos para la infancia, ambientado entre Castilla y la sierra extremeña.
Descargar
Un prólogo confesional sobre el temor a la inutilidad de lo escrito abre este libro de cuentos para la infancia, ambientado entre Castilla y la sierra extremeña. En una aldea, la llegada de una familia de mendigos trashumantes con un niño enfermo desata un pánico azuzado por un curandero despechado, hasta que el cura, el maestro y el médico devuelven la escena a la compasión. De ese encuentro nace el relato del tío Nando, lobero de las Hurdes, y de la noche de nieve en que su oficio salvó una vida.
«El lobero de las Hurdes» reúne relatos breves escritos con la infancia en mente y se abre con un prólogo que no disimula sus dudas: el autor se pregunta, con Baroja y Ramón y Cajal por testigos, si vale la pena publicar y si la originalidad es exigible. Su respuesta es una declaración de intenciones: una trama viva y fantástica que sostenga el interés del lector joven, puesta al servicio de ejemplos honrados. La divisa que toma prestada —agradar e instruir, nunca asombrar— gobierna el resto del libro.
El primer episodio, «Mendigos trashumantes», sitúa la acción en una aldea castellana a finales de octubre, cuando las primeras nieves asoman en la cumbre y los vecinos vuelven del campo con los aperos, la piara y el ganado menudo. En el pórtico de la iglesia acampa una familia de pordioseros en tránsito: un hombre corpulento calzado con abarcas de piel de lobo, una mujer enjuta y un chiquillo que llega ardiendo de fiebre. La curiosidad de los aldeanos se vuelve amenaza cuando el tío Indalecio —curandero, brujo a medias y aprovechado del todo— es desairado por el padre y se venga inventando un contagio. El miedo prende como la yesca, llueven piedras sobre el pórtico y la escena roza la violencia.
La llegada de don Ramón, el párroco, y de don Serafín, el viejo maestro, desarma el tumulto sin una sola voz alta: basta que el cura se acerque al camastro y abrace al niño enfermo para que la aldea reconozca su error. Aparece después don José, el médico, que desmiente el bulo y descubre en el mendigo a un viejo conocido: el tío Nando.
El segundo tramo se aparta de la aldea para contar quién es ese hombre. Nacido en las Hurdes extremeñas —valles angostos entre montañas de pizarra, aldeas incrustadas en la ladera, una pobreza descrita sin adornos—, tío Nando vive de capturar alimañas y cobrar la corta prima de los ayuntamientos, completada con lo que reúne exhibiendo sus presas de pueblo en pueblo. Conoce trochas, cubiles y costumbres de los lobos como quien recita un inventario propio. El relato se encamina entonces hacia la noche de invierno en que el médico, contra el consejo de todos, salió a caballo bajo la nevada para atender a un pastor moribundo con siete hijos. La narración, tal como aquí se conserva, se interrumpe con don José internándose en la sierra oscura, confiado en su caballo y en su conocimiento del camino.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.