Un estudio histórico riguroso que examina cómo Felipe II transformó Madrid de villa provincial en metrópoli imperial. Fernández Hoyos revela la paradoja de una capital sin obispado ni universidad que, asentada entre serranías y llanuras,…
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Un estudio histórico riguroso que examina cómo Felipe II transformó Madrid de villa provincial en metrópoli imperial. Fernández Hoyos revela la paradoja de una capital sin obispado ni universidad que, asentada entre serranías y llanuras, se convirtió en el corazón del imperio español. A través de documentos de la época y retratos de Velázquez, reconstruye la vida cotidiana, las migraciones y la política que permitieron a una ciudad de veinte mil habitantes llegar a ciento cincuenta mil.
Cuando Felipe II regresa de Flandes en 1559, España enfrenta una paradoja incómoda: siendo la potencia hegemónica de Europa, carece de capital. Así comienza el análisis de Fernández Hoyos, que rastrea cómo Madrid —una villa sin obispado, sin universidad, con un pasado de levantamientos comuneros— fue seleccionada para ser el corazón administrativo del imperio más vasto del orbe.
La historiadora despliega las razones concretas: la geografía de transición de Madrid, su posición entre la montaña y la llanura, sus vientos saludables provenientes de la sierra que la preservaron de las epidemias de peste, la riqueza subterránea de sus canales de agua que brotaban bajo plazas y calles. No fue un capricho real arbitrario, sino una decisión enraizada en el territorio.
El estudio traza también cómo la migración desde diferentes regiones del reino fue configurando la estructura social de la capital: los hidalgos y funcionarios del norte cantábrico hacia arriba, los comerciantes y artesanos andaluces hacia el sur, creando una división geográfica sin conflictos de integración. Y rastrea las consecuencias económicas de esta capitalidad interior, sin acceso fluvial, que transformó a Madrid en un parásito económico que consumía sin producir.
La narrativa avanza a través de retratos de Velázquez, documentos de Barrionuevo, las celebraciones caballerescas del Renacimiento y la proximidad estratégica a El Escorial. También cubre el breve traslado a Valladolid bajo Felipe III, las crisis de población del siglo XVII y cómo la capital logró crecer de veinte mil a ciento cincuenta mil habitantes mientras el resto del imperio se contraía. Un examen de cómo la capitalidad devino clave para entender la monarquía hispánica en sus primeros siglos modernos.
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