Un médico colombiano formado en Medicina Funcional propone entender el metabolismo antes de intentar corregirlo. A partir de su propia ruptura con la cirugía y de años de consulta, Carlos Jaramillo explica cómo funcionan la insulina, la…
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Un médico colombiano formado en Medicina Funcional propone entender el metabolismo antes de intentar corregirlo. A partir de su propia ruptura con la cirugía y de años de consulta, Carlos Jaramillo explica cómo funcionan la insulina, la leptina, el cortisol y otras piezas del engranaje hormonal, revisa el origen histórico del miedo a las grasas y del auge del azúcar, y desmonta creencias instaladas sobre el desayuno, las calorías, los lácteos o el ejercicio. La propuesta final es concreta y se ordena en tres preguntas: qué comer, cómo combinarlo y cuándo hacerlo. Incluye tests de autoevaluación y un recetario.
El milagro metabólico parte de una convicción incómoda: buena parte de las enfermedades que hoy definen la salud pública —obesidad, diabetes, hipertensión, alteraciones del colesterol y los triglicéridos, fatiga persistente, inflamación crónica— no son un destino genético, sino el resultado acumulado de una forma de comer que se volvió norma en apenas medio siglo.
El libro se estructura en tres movimientos. El primero describe el problema. Carlos Jaramillo repasa cómo un puñado de estudios de mediados del siglo XX, amplificados por la prensa y consolidados en guías oficiales y pirámides alimentarias, instaló la grasa como enemiga y el carbohidrato como salvación; y cómo, al retirar la grasa de los productos industriales, la industria la reemplazó por azúcar. De ahí en adelante el autor presenta a los protagonistas fisiológicos del asunto —insulina, leptina, cortisol, ácido úrico, tiroides, hígado, páncreas, intestino— con un lenguaje deliberadamente llano, y dedica capítulos propios a la ansiedad y la adicción a la comida y a la inflamación crónica como mecanismo de fondo.
El segundo movimiento es de limpieza. Ahí se examinan uno por uno los macronutrientes —proteínas, grasas, carbohidratos— junto con los lácteos, el gluten, la fructosa, los edulcorantes y los suplementos, y se revisan afirmaciones que circulan como verdades por repetición: que entrenar en ayunas consume músculo, que hay que comer cada tres horas, que el desayuno es la comida más importante del día, que los flacos pueden comer cualquier cosa, que comer bien es cuestión de fuerza de voluntad. El conteo de calorías recibe una objeción explícita.
El tercero es práctico. Qué alimentos dejar fuera y cuáles incorporar; cómo armar un plato en el que las grasas saludables no falten y la proporción de proteína corresponda a cada persona; y cuándo comer, con un capítulo dedicado al ayuno como herramienta terapéutica. El recorrido se apoya en tests de autoevaluación repartidos por el texto y cierra con un recetario de desayunos, platos fuertes y postres, además de referencias bibliográficas.
El tono es el de la consulta más que el del aula: primera persona, ejemplos domésticos —la gotera que inunda la sala y a la que se responde con traperos en vez de reparar el techo—, y una insistencia sostenida en que el paciente deje de ser espectador de su propia salud. Prologado por el doctor Santiago Rojas, el libro se presenta como uno de los primeros escritos en español desde la óptica de la Medicina Funcional sobre la recuperación metabólica.
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