La estación internacional de Canfranc, ubicada en el Pirineo central, se convirtió en escenario clave de la II Guerra Mundial. Inaugurada en 1928 tras casi cuarenta años de construcción, esta obra singular de ingeniería vivió su mayor…
Descargar
La estación internacional de Canfranc, ubicada en el Pirineo central, se convirtió en escenario clave de la II Guerra Mundial. Inaugurada en 1928 tras casi cuarenta años de construcción, esta obra singular de ingeniería vivió su mayor esplendor durante 1940-1945, cuando se transformó en paso crucial para el tráfico de oro nazi, minerales estratégicos y refugiados judíos. El libro rescata documentos históricos olvidados sobre el flujo de 86,6 toneladas de oro alemán, el papel de la Resistencia francesa y las historias de quienes lucharon por la libertad.
La estación internacional de ferrocarril de Canfranc representa un capítulo decisivo en la historia europea del siglo XX. Ubicada en el Pirineo central, esta obra de ingeniería monumental, con estatus de aduana compartida entre España y Francia a pesar de estar en territorio español, tardó casi cuarenta años en completarse. Su inauguración en 1928 coronó un sueño reivindicado por los aragoneses desde 1853: conectar Madrid y París a través del Pirineo central.
La construcción supuso desafíos sin precedentes: desviar el río Aragón, horadar un túnel de casi ocho kilómetros, construir veintiséis vías de clasificación y levantar un magnífico edificio modernista. Sin embargo, su verdadera importancia histórica llegó durante la Segunda Guerra Mundial.
Entre 1940 y 1945, Canfranc se transformó en paso neurálgico para las potencias en conflicto. Como país nominalmente neutral, España permitió el tráfico de oro nazi desde Suiza hacia la Península Ibérica a cambio de metales estratégicos. Documentos desclasificados revelan que 86,6 toneladas de oro robado de bancos europeos y expoliado a víctimas del Holocausto transitaron por esta aduana, aunque el tráfico fue anterior y posterior.
La estación también fue ruta de escape para cientos de refugiados judíos que huían de la persecución nazi. Personalidades como el pintor alemán Max Ernst o el ruso Marc Chagall pudieron haberse salvado cruzando esta frontera.
A partir de noviembre de 1942, cuando Hitler ocupó Francia, la esvástica llegó a ondear en la estación. Cerca de cincuenta militares alemanes ocuparon el pueblo, pero paradójicamente mantuvieron relaciones cotidianas con habitantes, desde bailes en el hotel hasta amistades construidas en latín.
En la sombra de la ocupación, la Resistencia francesa orquestaba operaciones clandestinas. El jefe de la aduana francesa, Albert Le Lay, facilitó comunicaciones entre los estados mayores británico y estadounidense con los resistentes. Civiles españoles como Juan Astier apoyaron estas operaciones, pagando con prisión su compromiso con la libertad.
Esta obra recupera las historias entrelazadas donde convergen la codicia nazi, la solidaridad con perseguidos y el heroísmo de la Resistencia. Reportajes que iluminan cómo un paso de montaña se convirtió en arena global durante la época más crucial del siglo XX europeo.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.