Otoño de 1820. Un coronel de caballería, fiel hasta la médula a Fernando VII, prepara el asalto a Ávila para devolver al rey el poder absoluto que le arrebató el régimen constitucional.
Descargar
Otoño de 1820. Un coronel de caballería, fiel hasta la médula a Fernando VII, prepara el asalto a Ávila para devolver al rey el poder absoluto que le arrebató el régimen constitucional. Cuando la conspiración se descubre antes de tiempo, Eugenio Rosales descubre que la lealtad —a un monarca, a un amigo, a un recuerdo de juventud— puede ser la trampa más costosa de todas.
En noviembre de 1820, España vive el pulso entre dos mundos. Fernando VII, obligado meses antes a jurar la Constitución de Cádiz, se ha retirado discretamente a El Escorial y allí recibe, entre susurros de sotana, la noticia que esperaba: una trama absolutista está lista para devolverle el poder que considera suyo por designio divino. El plan tiene nombres, fechas y ciudades —Toledo, Segovia, León, Valladolid—, y un cabecilla al frente: el coronel de caballería Eugenio Rosales, veterano de la guerra contra los franceses, hombre de temperamento ardoroso y devoción monárquica sin fisuras.
Mientras el rey concede su bendición y promete ascensos, Rosales espera en un castillo ruinoso, con un centenar de desertores y antiguos guerrilleros, la señal que nunca termina de llegar. Su cuñado, el vicario don Facundo, debía traerle la autorización real; en su lugar, una patrulla de milicianos repara en el hierro de un caballo del regimiento de Talavera y todo el edificio de la conjura empieza a agrietarse. Un sacristán asustado basta para que el jefe político de Ávila, José Gordon —juez meticuloso, liberal convencido y admirador silencioso de una mujer inalcanzable—, reconstruya la trama y prepare la muralla para recibir a los sublevados.
El amanecer del 4 de noviembre encuentra a Rosales frente a los cubos de Ávila sin los refuerzos prometidos, sin los apoyos del interior de la ciudad y con la certeza amarga de haber sido delatado. Lo que iba a ser una jornada histórica se resuelve en una hora de fuego cruzado y una retirada hacia la sierra. Pero la derrota militar es apenas el comienzo: el fracaso deja al descubierto los hilos íntimos que sostienen a los personajes. La amistad con el comandante Mallén, que debe favores impagables y decide dar media vuelta antes de comprometerse; la fe compartida entre el vicario y un fraile influyente en la corte; y, atravesándolo todo, el nombre de Amelia Pimentel, Melita, la muchacha de Piedrahíta cuyo recuerdo asalta por igual al coronel realista y al político liberal que lo persigue.
Fernando Flores del Manzano construye una novela histórica de trazo firme sobre uno de los episodios menos transitados del Trienio Liberal: las conspiraciones absolutistas que sacudieron Castilla mientras el rey jugaba a dos barajas. Ambientada con precisión en los pinares, castillos y murallas de Ávila, Piedrahíta y la sierra extremeña, la obra sigue a un puñado de hombres —militares, clérigos, jueces, labriegos con casaca descolorida— que creyeron estar defendiendo la religión, la patria y el rey, y descubrieron que la política se cobra sus deudas en carne propia. Una historia de conspiración y persecución, sí, pero también un retrato de cómo se fabrican las lealtades y de lo que queda de un hombre cuando la causa que lo sostenía se derrumba.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.