Un psicólogo reconoce en una manifestación a una mujer que fue su paciente hace más de treinta años, cuando ingresó en un manicomio tras confesar el homicidio de su madre.
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Un psicólogo reconoce en una manifestación a una mujer que fue su paciente hace más de treinta años, cuando ingresó en un manicomio tras confesar el homicidio de su madre. Impulsado por saber qué fue de ella, busca en su consulta las notas y grabaciones de aquella década de los setenta. En esas transcripciones resurge Isabel Ramírez Padrón, una joven cuya existencia misma desafiaba los códigos de la España franquista.
Después de treinta años, un psicólogo reconoce a Isabel entre la multitud de una huelga general. La ve en las imágenes difusas de la televisión, marchando en el paseo de la Castellana, rodeada de manifestantes. Su rostro maduro conserva los rasgos joviales que recordaba; su larga melena, ahora canosa, cae sobre los hombros como en tiempos pasados. El reconocimiento lo impulsa a actuar: corre para alcanzarla entre la marea de gente en la Plaza Mayor, pero la multitud se vuelve impenetrable.
De regreso a su consulta, excavando en los archivos olvidados de los setenta, resurge el pasado: los apuntes, las cintas de sesiones terapéuticas, los periódicos de la época. Isabel Ramírez Padrón fue ingresada en el manicomio de la colina a los veinte años, después de confesar el asesinato de su madre. En esas grabaciones se despliega un relato singular: una joven cuya existencia misma desafiaba los códigos de la España franquista, confinada en las entrañas de una institución decrépita.
La novela oscila entre dos tiempos narrativos. En el presente, el psicólogo intenta reencontrarse con aquella paciente que marcó su carrera. En el pasado, el lector contempla el ingreso de Isabel en aquel edificio de mármol y frialdad, donde la medicación y la contención física eran las únicas respuestas del sistema. Sus sesiones terapéuticas transcurren bajo la sombra del asesinato de Carrero Blanco, mientras España atraviesa su transición política. Isabel, sedada e aislada, permanecía ajena a los cambios que sacudían el país.