El sueño de Troya narra, a través de la voz adulta y confesional de Nicholas Yannikis, cómo un joven ateniense de veinte años, lector empedernido y ajeno a cualquier ansia de heroísmo, termina embarcado hacia Dardanelos como secretario del…
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El sueño de Troya narra, a través de la voz adulta y confesional de Nicholas Yannikis, cómo un joven ateniense de veinte años, lector empedernido y ajeno a cualquier ansia de heroísmo, termina embarcado hacia Dardanelos como secretario del enigmático arqueólogo Heinrich Schliemann. Antes de ese viaje, Nicholas carga con la culpa de haber esquivado, gracias a una artimaña, el naufragio que costó la vida a sus tres mejores amigos, embarcados como voluntarios rumbo a Creta. Esa culpa, sumada a la ruptura con su padre y a un fugaz enamoramiento por la joven Sofía Schliemann, lo empuja a aceptar un empleo del que apenas conoce un detalle: que lo aguarda un secreto capaz de dar al pueblo griego, según le prometen, el mayor triunfo de su historia.
Antes de que arranque la trama, un prefacio en primera persona sitúa al lector ante la naturaleza doblemente arqueológica de la novela: su autor confiesa haber escrito y reescrito el libro en sucesivas versiones, como capas superpuestas de un mismo yacimiento, mientras la obsesión de su protagonista por hallar Troya se le contagiaba a él mismo como escritor. Una breve referencia histórica recuerda después la leyenda fundacional de Troya, ciudad que la tradición situaba entre el mito y el poema homérico, hasta que un hombre decidido a probar su existencia real salió en su busca.
La historia propiamente dicha la cuenta, ya anciano, Nicholas Yannikis, quien advierte desde el principio que su memoria puede haberse mezclado con la invención. Joven ateniense de comienzos de la década de 1870, prefiere las bibliotecas y los libros a las aventuras que persiguen sus tres amigos, Ioannis, Miguel y Pedro, entusiastas de la causa griega frente al Imperio otomano. Presionado por ellos y por el fervor patriótico de la época, Nicholas se alista como voluntario de la Armada para acudir en socorro de los rebeldes cretenses, pero el miedo lo lleva a urdir en secreto un ardid para que su padre, antiguo médico de guerra, le prohíba embarcar. La estratagema le salva la vida cuando el barco de sus amigos naufraga poco después, pero lo condena a una culpa devastadora: incapaz de acudir a los funerales, intenta quitarse la vida y termina enfrentado a su padre, a quien acusa injustamente de cobardía. La relación entre ambos queda rota, y el padre lo aleja de casa consiguiéndole un puesto de secretario en una mansión aristocrática de Atenas.
Allí, entre frescos y antigüedades relacionadas con la guerra de Troya, Nicholas conoce a Sofía, una joven de dieciocho años que lo entrevista en ausencia de su padre, el doctor Heinrich Schliemann. Solo tras aceptar el empleo descubre que el trabajo no es en Atenas, sino junto a Schliemann en Dardanelos, territorio otomano, y que el propósito de la expedición se mantiene en secreto hasta que suba a bordo. Empujado por el vacío que ha dejado su vida anterior —sin amigos, sin padre, sin rumbo— y por la promesa de que su participación puede beneficiar a Grecia, Nicholas cruza el mar Egeo hacia lo desconocido, iniciando así su implicación en la obsesiva búsqueda de la Troya real, la que la historia había relegado durante siglos al terreno del mito.
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