Berlín, agosto de 1961: un joven de veintidós años vuelve de unas vacaciones en la costa y encuentra su ciudad partida en dos por alambre de espino y ametralladoras.
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Berlín, agosto de 1961: un joven de veintidós años vuelve de unas vacaciones en la costa y encuentra su ciudad partida en dos por alambre de espino y ametralladoras. A partir de las voces de quienes lo vivieron, este relato de no ficción reconstruye cómo se levantó el Muro y cómo un grupo de personas corrientes decidió responder excavando por debajo. Una crónica narrativa sobre fronteras, huida y el precio de cruzar al otro lado.
Una periodista llama por teléfono a un hombre que vive en un octavo piso sin ascensor de Berlín y le pide hablar de algo que hizo sesenta años atrás. Lo que la sorprende no es la emoción del recuerdo, sino su exactitud: Joachim conserva olores, medidas, sonidos y colores. De esa primera entrevista de tres horas nacen años de trabajo — testimonios, cartas, diarios, miles de informes de la Stasi, documentos judiciales, informes desclasificados, mapas y archivos de radio y televisión — que sostienen esta reconstrucción de un episodio real de la Guerra Fría.
El libro sigue una vida entera para explicar una sola noche. Joachim tiene seis años en el invierno de 1945 cuando su familia carga el carromato y huye del Ejército Rojo por caminos helados: allí pierde a su padre y aprende, empujando un carro de mano bajo la nieve, que es más fuerte de lo que aparenta. Crece luego entre los escombros de un Berlín en ruinas que los soviéticos convierten lentamente en otra ciudad, mientras Walter Ulbricht y un puñado de comunistas llegados de Moscú montan un Estado nuevo con la consigna de que todo debe parecer democrático aunque el poder quede concentrado. En agosto de 1961, unas vacaciones en la isla de Rügen lo mantienen lejos justo cuando los tanques avanzan hacia la capital y una voz en un altavoz anuncia que la frontera está cerrada.
De regreso a una ciudad demasiado silenciosa, ante el primer alambre de espino y los cascos de acero, Joachim intuye que en una sola noche todo ha cambiado. Lo que sigue es la historia de un túnel excavado a mano en un espacio no más ancho que un ataúd, del nacimiento de los informativos de televisión que lo convirtieron en acontecimiento mundial, y de lo que significa espiar y traicionar a los tuyos.
Escrito con pulso de reportaje y ritmo de novela, el relato enmarca aquel verano en una pregunta que sigue abierta: qué ocurre cuando un gobierno parte por la mitad una ciudad. Hoy más de setenta países levantan alguna barrera, y casi todas descienden del muro que se alzó en Berlín en 1961. Como en la cita de Le Guin que abre el libro, todo muro es ambiguo: lo que queda dentro o fuera depende del lado en que uno se encuentre.