Henrietta, una mujer alemana que llegó a Sudáfrica buscando libertad, se ve forzada a abandonar el país que amó con sus hijos mellizos mientras su marido intenta cruzar la frontera hacia Mozambique.
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Henrietta, una mujer alemana que llegó a Sudáfrica buscando libertad, se ve forzada a abandonar el país que amó con sus hijos mellizos mientras su marido intenta cruzar la frontera hacia Mozambique. Perseguida por los agentes de seguridad del régimen, debe mantener la compostura durante un vuelo que la separa para siempre de su paraíso africano. Una historia de amor, exilio y resignación ante las fuerzas del destino.
En marzo de 1968, Henrietta abandona Sudáfrica para siempre. Con sus hijos mellizos Julia y Jan, de apenas cuatro años, viaja en un avión que la aleja del único país que ha considerado suyo. Su marido permanece atrás, intentando cruzar clandestinamente la frontera hacia Mozambique a través de la peligrosa selva del norte de Zululandia, mientras agentes de la BOSS —el temido Bureau of State Security de Sudáfrica— vigilan su huida.
El viaje se convierte en un calvario emocional. Debe mantener una compostura perfecta, sonreír a pesar del desgarro interno, porque cualquier muestra de debilidad podría delatarla. Un agente de seguridad en el avión observa cada movimiento, cada gesto. Henrietta sabe que si descubre sus intenciones de no regresar, su marido será capturado antes de alcanzar la libertad: encarcelado sin acusación, sin juicio, desaparecido en las cárceles del régimen.
Pero esta no es únicamente una historia de huida política. Es también la narración de cómo una joven alemana llegó a amar profundamente un continente. A través de recuerdos entrecruzados, descubrimos su infancia en Lübeck, donde su padre —un hombre quebrantado por la guerra— le habló con nostalgia de África. Esa pequeña prenda de corteza que él le regaló, su primer traje de bebé tejido por nativos que la acogieron en su tribu, encendió en ella un sueño que la persiguió durante años.
En 1959, a los diecinueve años, Henrietta llegó a Sudáfrica huyendo de la Alemania de posguerra, ansiosa de luz, calor y libertad. Encontró todo eso: una casa con vista al mar en Durban, amigos queridos, una vida plena. Ahora, casi una década después, las fuerzas políticas que destrozan el país la obligan a irse. Mientras el avión asciende sobre la costa de Natal y su casa desaparece entre las colinas verdes, Henrietta se juró a sí misma: volveré. Algún día, volveré a África.
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