Ona regresa años después a un camping de su infancia, donde solo encuentran ruinas. El viaje se convierte en rememoración de aquel último verano decisivo: mientras su madre enferma en el hospital, ella y su hermano Roc se quedan solos.
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Ona regresa años después a un camping de su infancia, donde solo encuentran ruinas. El viaje se convierte en rememoración de aquel último verano decisivo: mientras su madre enferma en el hospital, ella y su hermano Roc se quedan solos. Por las noches, Ona se cuela en la piscina vacía, buscando refugio en el agua que refleja la luna. Entre encuentros con David, un chico del pasado, y visitas hospitalarias, el verano se consume en fuego literal: el incendio del camping arrasa con su mundo de infancia. Una historia sobre la pérdida, la inocencia y la inevitabilidad del cambio.
Ona es una adolescente que regresa a un camping de su infancia años después, encontrando solo ruinas. El verdadero viaje es hacia atrás, a aquel último verano decisivo cuando su madre lucha contra la enfermedad en el hospital.
Ese verano, tras la decisión de sus padres de que ya son lo suficientemente mayores, Ona y su hermano Roc se quedan solos en el camping. Su padre va y viene del hospital; Montserrat, la vecina, los cuida. La rutina se convierte en ritual: desayunan con Montserrat, nadan antes de que llegue la multitud, pasean por el bosque, recogen flores y piedras de colores para llevarlas a su madre. Las visitas hospitalarias del viernes son sagradas, aunque dolorosas.
Por las noches, Ona se cuela en la piscina vacía. El agua refleja la luna, las baldosas brillan bajo la superficie. En la oscuridad encuentra un espacio donde respirar, donde rememorar otros veranos más felices, cuando sus padres estaban juntos y la vida parecía infinita. Esos baños nocturnos se convierten en su confesionario.
David aparece: un chico del pasado que regresa al camping con amigos, provocando fiestas ruidosas en el bar. Ona lo evita al principio, pero termina cediendo a sus invitaciones. Una noche, la convence para asistir a una fiesta. Entre luces de colores, humo y alcohol, Ona se siente fuera de lugar, abrumada, anhelando la soledad de la piscina. Luego, en encuentros nocturnos junto al agua, David intenta acercar sus mundos, pero ella se resiste.
A mediados de agosto llega la noticia temida: la madre ha empeorado gravemente. En la habitación del hospital, pálida y transparente, la enfermedad cobra forma visible. Simultáneamente, el camping se incendia. Las duchas, los árboles, la piscina: todo se consume. El fuego arrasa con los lugares que definen su infancia.
El relato se intercala con memorias fragmentarias: Eva junto al mar recolectando cangrejos; Judith, la vecina lectora que vivía al otro lado de la pared. Es una novela sobre el tiempo, la pérdida y la preservación de la inocencia. Un canto elegíaco a los veranos que marcan nuestras vidas.
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