Kathy Macdowell, médica rural en el pueblo de Bentham, se ve obligada a aceptar como nuevo socio en su consulta al doctor Will Curtis, sobrino del terrateniente al que más detesta.
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Kathy Macdowell, médica rural en el pueblo de Bentham, se ve obligada a aceptar como nuevo socio en su consulta al doctor Will Curtis, sobrino del terrateniente al que más detesta. Lo que no sabe es que ya lo ha conocido —y que la atracción fue inmediata.
En Bentham, una pequeña ciudad mercado rodeada de colinas y cruzada por un canal, la doctora Kathy Macdowell sostiene casi en solitario una consulta médica que se le viene encima. Su socio, Harry Lord, lleva meses enfermo y espera una operación de bypass; el papeleo, las guardias y las llamadas nocturnas han recaído todas sobre ella. La contratación de un segundo médico es una urgencia, no una opción. Por eso la nota que le anuncia el nombre del elegido cae como una sentencia: el doctor William Curtis, sobrino de sir Randolph Curtis, el hombre que pretende convertir el campo abierto de la comarca en un complejo de vacaciones y a quien Kathy asocia con una vieja herida familiar que aún no ha terminado de cicatrizar.
Antes de saber quién es, sin embargo, Kathy se cruza con él. Un paseo con su perro junto al canal termina en un encuentro casual con un desconocido alto, bronceado y de ojos muy azules que vive en una barcaza alquilada y no logra domesticar a su terrier. Hablan del paisaje, del centro vacacional que ella aborrece, del padre enfermo por el que él ha vuelto a la zona. Cuando un excursionista sufre una taquicardia y Kathy interviene, el desconocido demuestra saber demasiado de medicina para ser un aficionado. Ella se marcha irritada por la intromisión y encantada consigo misma a partes iguales, convencida de que no volverá a verlo.
El lunes por la mañana, el hombre de la barcaza la está esperando en su despacho, de traje y con la mano tendida. Trabajar juntos obliga a Kathy a revisar sus certezas casi a diario: Will viene de años de trabajo sanitario en el campo de Zimbabue, se disculpa cuando se equivoca —algo que ningún Curtis ha hecho jamás en su experiencia—, desarma a la recepcionista más difícil de la consulta y tranquiliza a una anciana asaltada en el supermercado mientras le libera el dedo de una alianza rota. Es, sencillamente, un médico excelente, y ella no puede fingir que la atracción sea solo profesional.
Pero hay zonas de su vida en las que Will no deja entrar a nadie. El padre al que ha venido a acompañar, abogado retirado, no está en ningún hospital de la zona; cada pregunta sobre él abre un silencio breve y educado que cierra la conversación. Entre el proyecto que amenaza el valle, las lealtades familiares de él y el pasado que ella prefiere no nombrar, la consulta de Bentham se convierte en el terreno donde dos personas destinadas a desconfiar la una de la otra descubren que el prejuicio es más fácil de sostener a distancia que de cerca.
Una novela romántica de ambiente médico y rural, narrada con calidez y humor cotidiano, donde el diagnóstico más difícil es el de los propios sentimientos.
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