Ensayo de teoría sociológica que se plantea dos preguntas de fondo: por qué se reproduce con tanta persistencia la desventaja de las mujeres y qué condiciones hacen que ese desequilibrio aumente o disminuya.
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Ensayo de teoría sociológica que se plantea dos preguntas de fondo: por qué se reproduce con tanta persistencia la desventaja de las mujeres y qué condiciones hacen que ese desequilibrio aumente o disminuya. Janet Saltzman Chafetz sostiene que la respuesta está en la división del trabajo por sexos, dentro y fuera del hogar, y que el margen colectivo de las mujeres para mejorar su posición depende de su acceso al trabajo generador de recursos, un acceso controlado en buena medida por élites masculinas. Frente a la dispersión de enfoques parciales, el libro propone una teoría integrada que articula los niveles micro, medio y macro de análisis.
Este libro nace de una insatisfacción concreta. Al repasar dos décadas de teoría sociológica sobre los sexos, su autora encontró abundantes explicaciones sobre cómo se mantienen los sistemas de desigualdad y casi ninguna sobre cómo cambian, una omisión llamativa en un campo cuyas practicantes están comprometidas justamente con transformarlos. A esa carencia se sumaba otra: las distintas teorías se ignoraban entre sí, plausibles por separado y sustancialmente incompletas cada una. De ahí el proyecto que vertebra estas páginas, tejer los enfoques disponibles en un armazón único capaz de sostener investigación empírica.
La obra se organiza en dos movimientos. El primero elabora una teoría general de la estabilidad: qué mecanismos hacen que, en la mayoría de épocas y lugares, el statu quo se reproduzca sin necesidad de conspiración ni de coerción visible. El segundo, apoyado en ese cimiento, desarrolla una teoría del cambio. La secuencia no es caprichosa. Una teoría del mantenimiento es, leída al revés, una teoría de los blancos del cambio, porque identifica las variables que sostienen el sistema y que, por tanto, tendrían que moverse para que se moviera el conjunto.
El recorrido teórico atraviesa tradiciones que rara vez dialogan. Por el lado de la coerción, el marxismo feminista y su tesis del apoyo mutuo entre capitalismo y patriarcado; el análisis de nivel medio, que sigue a Rosabeth Kanter para mostrar cómo las posiciones dentro de una organización —oportunidad de ascenso, poder real, ser o no una excepción numérica— producen las conductas que luego se atribuyen al carácter de cada sexo; y la teoría del intercambio, que explica la asimetría conyugal por el desigual acceso a recursos y por las deudas difusas que el intercambio social genera. Por el lado de la voluntariedad, las lecturas feministas del psicoanálisis, con Nancy Chodorow a la cabeza, sobre cómo el hecho de que sean las mujeres quienes crían reproduce en hijas e hijos disposiciones distintas hacia el vínculo y la individuación. La autora es explícita al advertir que estas últimas no culpan a las víctimas: dan por supuesto un sistema injusto y examinan sus efectos psicosociales.
El planteamiento del cambio es igualmente deliberado en su falta de complacencia. La desigualdad puede crecer o menguar, y en ambos casos suele hacerlo como consecuencia no buscada de transformaciones económicas, tecnológicas, demográficas o políticas más amplias. Solo una de las direcciones admite además la vía intencionada: el activismo de los grupos en desventaja y los movimientos feministas surgidos en todo el mundo durante el último siglo y medio. De ahí las preguntas que cierran el argumento —cuándo aparecen y crecen esos esfuerzos, cómo se relacionan con el cambio no deliberado, qué determina su alcance en un lugar y un momento concretos.
El resultado interesará a quien trabaje en sociología del género, estudios feministas o teoría social, y también a quien busque un mapa ordenado de lo que las ciencias sociales han aprendido sobre estabilidad y cambio en estos sistemas. Su ambición declarada es modesta en la forma y exigente en el fondo: no aplicar una teoría a posteriori sobre un conjunto de datos, sino construir una lo bastante integrada como para que pueda ser sometida a prueba y, llegado el caso, corregida.