Desde la cárcel, a la espera de sentencia por el asesinato de un médico conocido, un acusado escribe al fiscal que pidió para él la pena de muerte.
Descargar
Desde la cárcel, a la espera de sentencia por el asesinato de un médico conocido, un acusado escribe al fiscal que pidió para él la pena de muerte. No busca defenderse: afirma saberlo todo y se ofrece a contarlo con una condición, que la carta se lea entera y no acabe en el sumario. Lo que empieza como un gesto insólito se convierte en el relato de una vida y de un crimen que el juicio apenas rozó.
Carles Creus lleva diez meses preso, acusado de haber matado al doctor Barretet, un médico al que encontraron en su consulta de la calle Diputación con una herida de bisturí en la nuca. El juicio oral ya se ha celebrado; solo falta la sentencia. Contra lo previsible, el acusado toma la pluma y se dirige al hombre que pidió para él la pena capital: el fiscal Eulogi Món. Le agradece un gesto menor —haber ordenado que lo desesposaran al entrar en el Palacio de Justicia— y le advierte que no escribe para exculparse. Su abogado da la absolución casi por segura y él lo sabe. Escribe, dice, porque en el caso hay mucho más de lo que consta en el sumario y porque quiere que cada cosa quede en su sitio.
A partir de ahí, la obra avanza como una sola carta larga, íntima y calculada. El narrador impone sus reglas: que el fiscal la lea entera, hoja por hoja, sin correr hacia el final, y que después la olvide, como si la verdad se le hubiera ocurrido a él solo. Con esa condición reconstruye la tarde del crimen: la criada atraída fuera de casa por una llamada que prometía una cita y resultó falsa, la puerta del piso entornada, el matrimonio Bru esperando turno, la ayudante Margarida Portell enviada a comprar unos guantes de goma por una nota mecanografiada, el retraso inexplicable de una consulta siempre puntual, el cadáver descubierto entre gritos, la llegada de la policía y un anónimo que exigía dinero y unas cartas.
Pero el relato del crimen se entrelaza con otro, más lento y más doloroso. Creus habla de sí mismo: la cojera, el hermano brillante muerto a destiempo, un padre que nunca lo consideró a la altura y cuya respetabilidad se deshizo al morir, una madre enferma aferrada a una idea antigua de la gente «bien», unos estudios de derecho abandonados, dos hermanas casadas con suerte desigual, unos antecedentes que pesan más que las pruebas. Sostiene que una conmoción reciente lo ha cambiado por dentro y que ya mira su vida anterior como la de otro hombre.
El resultado es a la vez novela criminal y confesión moral: una investigación contada por el sospechoso, atenta a cómo se construye una acusación, a lo que la justicia consigue probar y a lo que nunca llega a ver. La tensión no está solo en saber quién mató, sino en cuánto está dispuesto a admitir quien escribe, y a qué precio.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.