En un domingo cualquiera en Cork, mientras intenta dejar atrás una ruptura reciente y una noche con un desconocido, Llúcia recibe la noticia de que su madre ha muerto en un accidente de coche.
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En un domingo cualquiera en Cork, mientras intenta dejar atrás una ruptura reciente y una noche con un desconocido, Llúcia recibe la noticia de que su madre ha muerto en un accidente de coche. La novela sigue el tránsito de esa joven catalana afincada en Irlanda desde el instante de la llamada hasta el reencuentro con su padre, desplegando por el camino la historia de una familia marcada por la distancia emocional y los silencios heredados.
La acción arranca con Llúcia paseando junto al río de Cork, en Irlanda, un domingo de invierno cargado de la resaca de una ruptura reciente con Liam y de una noche con un camarero que preferiría olvidar. La marea que sube y baja, el paisaje mutante de la ciudad y la costumbre de no echar raíces en ningún lugar funcionan como espejo de su manera de vivir los vínculos: controlados, reversibles, a distancia. Esa aparente gestión de las relaciones se rompe de golpe cuando su padre, el Cesc, la llama para darle una noticia que no esperaba a esas horas ni a esa edad: su madre, la Blanca, ha muerto.
A partir de ahí, la narración alterna el punto de vista de Llúcia con el de quienes la rodean —Liam, que la acompaña al aeropuerto y repasa mentalmente los motivos de su separación, y el Cesc, que en la casa familiar recuerda treinta y cinco años de vida junto a la Blanca, una mujer siempre un poco ausente incluso estando presente—. El regreso a casa, la maleta hecha deprisa, el vuelo y la llegada al hogar de la infancia van reconstruyendo, en capas, la historia de una familia donde el amor convive con la distancia: un padre volcado en la crianza, una madre que observaba la vida doméstica desde el umbral, y una hija que aprendió a no dejar huella, a no dejarse encontrar, y que ahora descubre que esa ausencia materna que creía llevar resuelta era, en realidad, un vínculo esencial que ya no podrá reparar.
Con una prosa que se detiene en los detalles físicos —el agua, el barro, la ropa dejada en el armario, los gestos torpes de un duelo que aún no encuentra su forma—, la obra explora el desconcierto de quien pierde a alguien con quien nunca terminó de construir intimidad, y examina cómo las distancias que uno cree elegir —entre parejas, entre padres e hijos, entre países— acaban imponiendo su propio precio.