Tres pacientes fugados de un psiquiátrico protagonizan una serie de crímenes con hacha que sacuden a la policía, mientras en paralelo un joven escritor se infiltra como mayordomo en un castillo en venta para vigilar de cerca al nuevo…
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Tres pacientes fugados de un psiquiátrico protagonizan una serie de crímenes con hacha que sacuden a la policía, mientras en paralelo un joven escritor se infiltra como mayordomo en un castillo en venta para vigilar de cerca al nuevo propietario, un aristócrata con un oscuro secreto y una leyenda de fantasma que empieza a cobrar vida.
La novela arranca con la fuga de tres internos del antiguo manicomio de San Patricio: Frank, que mató a hachazos a su esposa infiel y al hijo que no era suyo; Robert, que asesinó con la misma arma a su hijastra tras ser rechazado; y Peter, que decapitó a su madre y se lanzó por una ventana abrazado a su cabeza. Unidos por una complicidad que los enfermeros ya habían notado antes de la huida, los tres irrumpen encapuchados en una lujosa joyería, maniatan a clientes y empleados y, tras vaciar el local, los degüellan a hachazos. Antes de escapar dejan escrita con sangre la frase «No estamos locos» y sus iniciales, un mensaje que more que una fuga es una reivindicación. Solo un testigo oculto tras una cortina logra dar a la policía una pista: unos ojos que brillan de un modo que no olvidará.
La trama se traslada entonces a un ambiente muy distinto: la llegada de Tony Carroll, un aspirante a escritor, y de Karen, una joven de un pueblo cercano, al castillo de Williamstton, una propiedad semiderruida que su dueño, Patrick Williamstton, quiere vender para saldar deudas. Ambos son contratados como mayordomo y doncella justo cuando se presenta el primer comprador interesado, lord Nellmmens, un viudo reciente que busca alejarse de Londres tras la muerte de su esposa en un accidente de coche. Williamstton le vende el castillo no sin advertirle de la leyenda que pesa sobre él: por las noches de niebla se oyen los gritos de Victoria Williamstton, una antepasada pelirroja condenada a morir en la hoguera por infidelidad, cuyo retrato regresa entonces a la galería.
Lo que el lector descubre, y que los demás personajes ignoran, es que la muerte de la esposa de lord Nellmmens no fue accidental: él mismo remató con un hierro a la mujer agonizante tras el choque, movido por el hastío y el interés económico. Instalado ya en el castillo junto a su secretario y su chófer, Nellmmens empieza a padecer insomnio y una fascinación creciente por el retrato de Victoria, hasta que una noche de niebla la ve —o cree verla— aparecer entre las ruinas, hablándole de un maleficio ligado a un medallón de plata que solo se romperá si alguien cumple una condición que ella no llega a revelar. Mientras tanto, Tony Carroll vigila en secreto a los tres hombres del séquito de Nellmmens, sin que se sepa aún por qué, y Karen debe esquivar el acoso del secretario, que intenta comprar sus favores con promesas de riqueza. Entre el misterio sobrenatural del castillo y la sombra de los crímenes de los fugados, la historia entrelaza dos líneas de tensión que apuntan a converger en un mismo desenlace de violencia y revelaciones.
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