En el Nueva Orleans de los años noventa, los detectives Damien Waters y Charles Dewey investigan la muerte de un joven cuyo cuerpo aparece en la ciénaga tras meses de desaparición.
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En el Nueva Orleans de los años noventa, los detectives Damien Waters y Charles Dewey investigan la muerte de un joven cuyo cuerpo aparece en la ciénaga tras meses de desaparición. Entre interrogatorios tensos, un matrimonio con un pasado turbio y las propias grietas personales de los protagonistas, la novela combina procedimiento policial con un retrato íntimo de dos hombres que cargan con el peso de mirar de frente la parte más oscura de la sociedad.
La historia arranca con una escena perturbadora fechada en 1995, cargada de simbolismo religioso y violencia, que anticipa un misterio mayor y sitúa al lector ante una amenaza que se extiende más allá del caso inicial. A partir de ahí, la narración retrocede a 1991 para seguir el día a día de Damien Waters, un detective novato de treinta y cuatro años que arrastra la nostalgia por su abuelo a través de un viejo Chevrolet Bel Air, y de Charles Dewey, su compañero veterano, apodado ‘Dos Caras’ por su capacidad de mostrarse cordial o implacable según convenga. Juntos reabren el caso de Steve Smith, un joven de diecinueve años cuyo cuerpo, descompuesto durante casi diez meses, ha sido hallado en el Mississippi con marcas de mordiscos de cocodrilo. Sus tíos y tutores legales, Kenneth y Patrice, un entrenador de fútbol americano y su esposa, se convierten en el centro de las pesquisas cuando su reciente mudanza, su repentina solvencia económica y un pasado en un barrio marginal —donde un vecino apodado Batman guarda recuerdos incómodos sobre la relación de Kenneth con los cocodrilos del río— empiezan a dibujar un móvil verosímil. Mientras la investigación avanza entre interrogatorios incómodos, roces con el comandante Kinnaman y la búsqueda de pistas en historiales y viejos vecindarios, la novela dedica igual atención a la vida privada de los detectives: la familia de Charles, con una esposa cocinera y dos hijos —uno de los cuales empieza a mirar con recelo el trabajo de su padre—, y la soledad de Damien, que registra sus dudas, insomnios y anhelos de encontrar el amor en un diario que abre cada noche junto a una vela. Estructurada en tres partes —‘Lejos de cualquier carretera’, ‘Todos estamos solos’ y la que retoma el título de la obra—, la trama entrelaza el procedimiento policial clásico con una reflexión sobre la culpa, la paternidad y el precio personal de dedicarse a ‘atrapar a los malos’, dejando entrever que el caso de Steve Smith es solo el primer eslabón de algo más extenso y perturbador que se revelará con el paso de los años.