Un ensayo introductorio que recorre las dos corrientes que, según el autor, dominan la filosofía contemporánea al margen del análisis del lenguaje: la fenomenología de Edmund Husserl y la hermenéutica que Heidegger abre y Gadamer consolida.
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Un ensayo introductorio que recorre las dos corrientes que, según el autor, dominan la filosofía contemporánea al margen del análisis del lenguaje: la fenomenología de Edmund Husserl y la hermenéutica que Heidegger abre y Gadamer consolida. Con un tono divulgativo y sin jerga innecesaria, el libro explica qué significa abstenerse de lo que creemos saber, por qué la intuición precede al método y en qué se distinguen los problemas de los misterios que atraviesan toda vida humana.
El punto de partida de este libro es una invitación incómoda: olvidar lo que creemos saber. Antes de definir nada, el autor pide al lector que practique la abstención, ese gesto de suspender las opiniones heredadas que constituye, según Husserl, la entrada misma en la filosofía. De ahí arranca un recorrido que explica la fenomenología no como un sistema cerrado de tecnicismos, sino como una manera de volver a mirar el mundo y la vida con asombro renovado.
La exposición avanza por los conceptos centrales sin abandonar el ejemplo cotidiano. La distinción entre problema y misterio, tomada de Gabriel Marcel, organiza buena parte del argumento: el problema es un obstáculo que la ciencia y la técnica sortean, mientras que el misterio —la muerte propia, el daño que causamos a otros, el amor que nace hacia alguien— no admite rodeo y obliga a la vida a duplicarse, a seguir viviéndose y a la vez pensarse. Contra el positivismo, que reduce todo a lo verificable en un laboratorio, el autor defiende que la actitud filosófica exige una pasión sostenida y una responsabilidad radical por la verdad.
El libro traza también la trayectoria intelectual y humana de Husserl: el matemático insatisfecho con fórmulas que funcionan sin ser comprendidas, el pensador que llenó millares de cuartillas en una taquigrafía casi indescifrable, el hombre despojado de su ciudadanía a los setenta y cuatro años y muerto en 1938 mientras su archivo se salvaba por valija diplomática. Sobre ese fondo aparecen la teleología, la fenomenología genética y las polémicas sobre el idealismo y la naturalización de las ideas.
La segunda mitad se ocupa de la filosofía hermenéutica —el tiempo y la muerte, la existencia, la tradición, el método— y sostiene una tesis nítida: no hubo un giro que vuelva obsoleto a Husserl. Que muchos prefieran a Heidegger no demuestra una superioridad tan global como para clausurar el programa fenomenológico. Apéndices con obras principales, cronología e hitos completan el volumen.