Un thriller psicológico que combina el pulso de una investigación policial con el retrato íntimo de una mujer que carga con sus propios fantasmas.
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Un thriller psicológico que combina el pulso de una investigación policial con el retrato íntimo de una mujer que carga con sus propios fantasmas. Regina Cazalla, inspectora de carácter duro y vida personal fracturada, se enfrenta a una serie de crímenes de extrema crueldad mientras el hallazgo reciente de su hermana desaparecida reabre heridas que creía cerradas.
La novela arranca con la voz de un depredador que convierte el control absoluto sobre sus víctimas en una fuente de placer, y que actúa con una frialdad meticulosa que no deja rastro alguno para la policía. Frente a él se sitúa Regina Cazalla, una inspectora de mirada dura y vida personal desordenada, que arrastra relaciones ambiguas —con un examante que se resiste a aceptar los límites que ella impone— y una angustia nocturna que apenas logra contener con ansiolíticos. Un cadáver aparece en su propio barrio, el mismo en el que creció, y el caso la obliga a trabajar codo con codo con Silvia, una compañera joven e inexperta a la que Regina subestima al principio y que poco a poco empieza a demostrar una intuición y una firmeza inesperadas. La víctima, una joven madre de familia con una vida en apariencia intachable, presenta heridas rituales —un dedo amputado, cortes dispuestos con precisión geométrica— que sugieren un patrón deliberado y no un crimen impulsivo. Mientras la pareja de investigadoras recorre calles, testimonios y sospechosos que se desvanecen sin dejar pistas, el relato entrelaza el avance de la trama policial con el pasado no resuelto de la propia Regina: el reciente hallazgo de su hermana, atada en una cabaña, ha confirmado que su desaparición no fue voluntaria como se le hizo creer, y esa certeza empieza a filtrarse en cada decisión que toma. La obra construye así un doble hilo narrativo —el de un asesino que saborea el miedo ajeno como una forma de plenitud personal, y el de una investigadora que debe aprender a confiar en los demás sin ceder el control que la protege— avanzando hacia un punto de convergencia donde lo profesional y lo íntimo dejan de poder separarse.