Maria teme a las alturas, a la oscuridad y a la naturaleza, pero acepta acompañar a sus amigas Ellen y Beth a escalar en las montañas, decidida a olvidar una ruptura reciente.
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Maria teme a las alturas, a la oscuridad y a la naturaleza, pero acepta acompañar a sus amigas Ellen y Beth a escalar en las montañas, decidida a olvidar una ruptura reciente. Lo que iba a ser un fin de semana solo para chicas se tuerce desde la tienda de deportes: un compañero de instituto inquietante, cazadores torpes, una tormenta, un arroyo desbordado y tres desconocidos demasiado dispuestos a ayudar. Cada susto parece una broma... hasta que deja de parecerlo.
Todo empieza frente a una pared de picos, clavos y cuerdas en una tienda de artículos deportivos. Maria contempla el material de escalada con un nudo en el estómago y una certeza incómoda: no está preparada para lo que sus amigas han planeado. Ellen, atleta imbatible y escaladora experta, considera la excursión un trámite. Beth, más interesada en las mallas de colores y en a quién podrían encontrarse por el camino, promete un fin de semana sin hablar de chicos. Maria solo quiere despejar la cabeza después de que su novio la dejara.
Antes de salir de la tienda, un encuentro con Bret Freitell —apodado el Chiflado, temido por su carácter y por rumores de armas y detenciones— convierte el nerviosismo de Maria en algo más parecido al miedo. Cuando el todoterreno enfila la carretera de montaña, ese miedo empieza a acumular pruebas: un coche que las obliga a frenar al borde de un precipicio, un disparo que atraviesa las ramas a centímetros de su cara, una tormenta que convierte el sendero en barro y un arroyo crecido que les corta el paso.
En una gasolinera perdida entre colinas aparecen Will, Daniel y Andrew: simpáticos, hábiles, con hoyuelos y respuestas para todo. Dicen ir al mismo lugar. Llevan una balsa, cerillas impermeables y una pistola de bengalas que, vista de cerca, no parece de bengalas. Su primera aparición en el bosque es una broma con rugidos de oso; la segunda, una mano tendida sobre un río que nadie más puede cruzar. Maria no sabe si agradecerlo o desconfiar.
Entre risas, cervezas y chocolatinas, la excursión avanza hacia terreno cada vez más aislado, y cada accidente empieza a encajar demasiado bien con el anterior. Cuando la balsa vuelca en mitad de la corriente y la sonrisa de uno de los chicos se apaga de golpe, Maria comprende que el verdadero peligro no son los acantilados que tanto teme. La naturaleza solo es el escenario; lo que las acecha llegó con ellas.
Un relato de suspense adolescente sobre la amistad puesta a prueba, la delgada línea entre la broma y la amenaza, y el instinto que conviene escuchar antes de que sea tarde.