En Bannonwell, un pueblo inglés sepultado cada noche bajo una niebla impenetrable, una prostituta del bar Moon Flood muere abrasada en la carretera y una anciana jura que el asesino fue un esqueleto andante.
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En Bannonwell, un pueblo inglés sepultado cada noche bajo una niebla impenetrable, una prostituta del bar Moon Flood muere abrasada en la carretera y una anciana jura que el asesino fue un esqueleto andante. Cuando la joven Loretta hereda un chalet en las afueras, una carta póstuma de su tía le advierte contra los esqueletos, y un encuentro imposible la convierte en testigo clave de un caso que la policía se niega a creer.
Bannonwell es una pequeña localidad donde la niebla cae cada tarde como un sudario, y donde el bar Moon Flood —regentado por Harry Kidd, un ciego que sirve copas con precisión matemática— concentra la vida nocturna menos respetable del pueblo. Una noche, Vanessa, una de las muchachas del local, regresa sola a casa por la carretera y se topa con algo que no debería existir: un esqueleto en movimiento que la inmoviliza con un vaporizador paralizante, la rocía con una mezcla de gasolina, azufre y fósforo, y la prende fuego con un encendedor de oro en forma de cabeza de dragón. Poco después, Loretta, una joven de la ciudad que acaba de heredar el chalet del montículo, encuentra entre los papeles de su tía difunta una carta desconcertante: debe vender la casa si no quiere que los esqueletos la arrastren al mundo de los muertos. Esa misma noche, atrapada en un viejo pozo en pleno campo, es rescatada por el propio esqueleto, que dice llamarse Danny Gregg y confiesa un odio mortal hacia las prostitutas, nacido de una humillación que arrastra desde antes de morir. Mientras el inspector de policía descarta con irritación cualquier testimonio sobre muertos que caminan, el periodista Scott Bell llega al pueblo dispuesto a exprimir el caso y encuentra en Loretta a una testigo —y algo más que una fuente—. Sus pesquisas apuntan hacia Tom Holcomb, el hijo caprichoso del dueño del supermercado que se veía a escondidas con la víctima, hacia su compañera Sandra y hacia la meticulosa señorita Lillian, cuya casa domina la carretera del crimen. Entre el escepticismo oficial, el morbo de la prensa y una niebla que lo devora todo, la novela despliega una intriga de terror popular donde lo sobrenatural y el crimen calculado se disputan la explicación de cada muerte.
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