Exposición radical donde el general Smedley Butler denuncia la guerra como estafa diseñada para enriquecer a pocos a expensas de muchos. Revela cómo durante la Primera Guerra Mundial empresas armamentísticas como du Pont y Bethlehem Steel…
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Exposición radical donde el general Smedley Butler denuncia la guerra como estafa diseñada para enriquecer a pocos a expensas de muchos. Revela cómo durante la Primera Guerra Mundial empresas armamentísticas como du Pont y Bethlehem Steel multiplicaron sus ganancias entre mil y tres mil por ciento mientras millones de soldados morían. Los pueblos pagaban con vidas y deudas generacionales que perdurarían décadas.
En este ensayo clásico y provocador, el general estadounidense retirado Smedley Butler realiza una acusación sin precedentes contra la guerra como herramienta de enriquecimiento corporativo sistemático. Argumenta con evidencia contundente que la guerra no representa defensa nacional ni ideológica, sino una estafa meticulosamente ejecutada donde un pequeño grupo de individuos y corporaciones amasa fortunas inmensas mientras las masas ordinarias pagan con sangre, luto y deudas que perduran generaciones.
Butler establece que la guerra es el tipo de estafa más antiguo, lucrativo y perverso de la historia. Se caracteriza porque la mayoría de la población ignora completamente su verdadero mecanismo, se realiza exclusivamente para beneficio de muy pocos a expensas de incontables muchos, y genera ganancias calculadas en dólares mientras las pérdidas humanas se cuentan en millones de vidas destrozadas.
A través de análisis de datos precisos y ejemplos específicos de la Primera Guerra Mundial, Butler revela cómo las corporaciones multiplicaron desproporcionadamente sus beneficios. Du Pont ascendió de seis millones a cincuenta y ocho millones de dólares anuales, incremento de novecientos cincuenta por ciento. Bethlehem Steel creció de seis a cuarenta y nueve millones. United States Steel pasó de ciento cinco a doscientos cuarenta millones de dólares. El cobre, cuero, químicos, níquel y otras industrias experimentaron aumentos similares: mil, mil cuatrocientos, mil setecientos por ciento.
Mientras estas élites corporativas prosperaban inmensamente, Butler señala que solo oficialmente surgieron veinte mil millonarios de la guerra en Estados Unidos. Simultáneamente, cuarenta millones de hombres permanecían bajo armas en todo el mundo, esperando órdenes hacia la muerte.
El general denuncia también el desperdicio y la corrupción sistemática: aviones nunca utilizados financiados con mil millones de dólares, botas innecesarias en cantidades estratosféricas, mosquiteros que nunca llegaron a Francia, calesas adquiridas sin propósito. Todo se pagaba religiosamente y las ganancias se registraban inmediatamente.
Butler concluye que la guerra beneficia exclusivamente a fabricantes de municiones, banqueros internacionales, constructores navales y especuladores, mientras que la ciudadanía ordinaria carga con toda la factura real: cuerpos destrozados, mentes quebrantadas, hogares destruidos, deudas generacionales que trascienden décadas, inestabilidad económica perpetua e inseguridad familiar que impacta generaciones.
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