Tras la muerte de su madre, Catalina descubre que despedirse de Mariana significa también empezar a descifrarla. Entre el piso vacío de Alfama, las cajas de una mudanza antigua y las preguntas que nunca llegó a hacer, esta novela narra un…
Descargar
Tras la muerte de su madre, Catalina descubre que despedirse de Mariana significa también empezar a descifrarla. Entre el piso vacío de Alfama, las cajas de una mudanza antigua y las preguntas que nunca llegó a hacer, esta novela narra un duelo íntimo y luminoso: el de una hija que perdió a la única persona con la que formaba una unidad, y que ahora debe averiguar quién es sin ella. Una historia sobre madres solteras, familias elegidas y los silencios que se heredan.
Catalina tiene treinta y cinco años y acaba de pedir cinco minutos más a solas en una sala de tanatorio de Lisboa. Es la primera despedida real de su vida, porque con Mariana nunca hubo despedidas: siempre quedaba una mañana siguiente, un paseo por Alfama, una película de Coppola en la televisión, un motivo para volver a verse pronto. Madre e hija fueron durante décadas un dúo autosuficiente —«¿Vais a pasar solas la Nochebuena?», les preguntaban, sin entender que juntas nunca estaban solas—, y esa unidad se rompe de golpe.
La novela avanza por capítulos que funcionan como habitaciones de una misma casa. En unos, Catalina atraviesa el presente del duelo: la incapacidad de llorar, la sensación de banalizar la pérdida con cualquier palabra, la primera vez que vuelve al piso de la rua da Padaria y alarga el trayecto para no llegar, comprando flores que ya no podrá entregar. En otros, la memoria retrocede: la mudanza de 1993, cuando una niña de cinco años vio cómo su casa dejaba de oler a jabón y se convertía en un lugar; los pósits con palabras difíciles pegados en el espejo del baño; las calabazas secas convertidas en maracas; una costilla de Adán cuyas hojas contaban juntas en una libreta.
De ese archivo doméstico emerge lo que Catalina no supo preguntar a tiempo. Creció sin padre y con una familia hecha de vecinos, colegas de la universidad y amigos que la recogían del colegio: los «doble J», la mujer que Mariana llamaba «Salvavidas», la conserje que guardaba el secreto de su jabón. Creció también con una distancia inexplicada hacia Madrid y hacia unos abuelos cuyas visitas se fueron espaciando, y con una frase que su madre soltó una vez en la cocina y que ahora resuena distinta: en Lisboa pudo empezar de cero. ¿Empezar de cero después de qué?
Junto a ella está Fabio, periodista, mellizo devoto de su hermana, coleccionista de fotos en las que ambos salen mal, autor de notas de amor dejadas sobre la mesa a las tres de la madrugada. Es él quien propone cruzar la ciudad de noche solo para abrir un armario y volver a oler a Mariana. Su presencia sostiene el relato sin sustituir nada: el duelo no se resuelve con consuelo, y Catalina teme convertirse en una carga en la vida del hombre que la eligió.
Escrita con una prosa breve y precisa, atenta a los objetos que sobreviven a las personas —una banderola descolorida, un cesto de mimbre, el contador de una bicicleta estática detenido en una cifra impar que su madre jamás habría tolerado—, esta es una novela sobre lo que queda cuando falta quien daba sentido a todo. Sobre las cicatrices, que no devuelven el tejido original pero prueban que hubo curación. Y sobre el encargo que Mariana dejó antes de empezar a olvidarlo todo: que la pena no se adueñe de su hija, que la alegría ocupe su lugar.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.