El detective privado Amos Wind es contratado por Bárbara Rosemore, una joven heredera postrada en silla de ruedas, para localizar a su marido, Winston Copperland, desaparecido sin explicación tras una llamada de un misterioso colaborador…
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El detective privado Amos Wind es contratado por Bárbara Rosemore, una joven heredera postrada en silla de ruedas, para localizar a su marido, Winston Copperland, desaparecido sin explicación tras una llamada de un misterioso colaborador periodístico. La pista lo lleva hasta un apartamento donde descubre un macabro recetario de cocina con animales descuartizados, y de ahí hasta un exclusivo balneario en Pennsylvania, mientras la elegante fachada de la mansión Rosemore empieza a resquebrajarse.
En una lujosa mansión de Cleveland, el curtido detective privado Amos Wind acude a una cita que cambiará el rumbo de su rutina profesional: Bárbara Rosemore, joven, bellísima y confinada a una silla de ruedas tras un accidente, le pide que encuentre a su esposo, Winston Copperland, periodista desaparecido desde hace tres días sin dejar rastro. La mujer se niega a involucrar a la policía o a la prensa, temerosa de que la ausencia de su marido alimente rumores sobre su matrimonio y su vida íntima tras la invalidez.
El único hilo del que tirar es Craig Fosters, un colaborador ocasional de Copperland que solía avisarle de noticias jugosas y que tampoco responde al teléfono. Cuando Wind se cuela en su apartamento, no encuentra ningún indicio periodístico, sino una escena perturbadora: animales descuartizados colgando del techo y un recetario de cocina escrito con letra crispada, cuyas instrucciones convierten perros, gatos y otras criaturas en macabros platos gourmet. El hallazgo no aclara nada sobre el paradero de los dos hombres, pero añade una capa de inquietud a lo que empezó como un simple encargo doméstico.
Entre las pistas del apartamento, Wind localiza un balneario de lujo en Pennsylvania donde Fosters se alojaba habitualmente y donde, según parece, también él dejó de dar señales de vida hace un par de días. Bárbara insiste en acompañarlo hasta allí, decidida a intervenir personalmente en la búsqueda pese a su condición física, y el detective —que empieza a sentirse extrañamente cautivado por ella— accede a regañadientes. Bajo la superficie apacible del balneario, entre huéspedes distinguidos y jardines cuidados, ambos esperan encontrar por fin el rastro de Copperland y de Fosters, sin saber todavía hasta qué punto el recetario que Wind lleva consigo será la clave de un misterio mucho más oscuro de lo que un simple libro de cocina debería contener.