Una periodista freelance en Los Ángeles es citada para presenciar una obra de arte conceptual en plena madrugada, mientras en Nueva York un joven músico se ve envuelto en operaciones clandestinas de contrabando de tecnología.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Una periodista freelance en Los Ángeles es citada para presenciar una obra de arte conceptual en plena madrugada, mientras en Nueva York un joven músico se ve envuelto en operaciones clandestinas de contrabando de tecnología. Dos historias paralelas que entrelazan el arte digital, la tecnología y los secretos del pasado en la América contemporánea.
Hollis Henry, periodista de una revista europea emergente, se hospeda en el Mondrian de Los Ángeles tras recibir el encargo de documentar la obra maestra de un artista desconocido. Alojada en un hotel donde la frivolidad de la arquitectura contemporánea convive con robots de Lego blanco que mapean espacios con precisión algoritmica, es conducida a través de las calles nocturnas hasta el Viper Room. Allí, Alberto Corrales, un chicano obsesionado con la historia como espacio traumatizado, le revela mediante realidad virtual precaria la imagen de un cuerpo yacente: River Phoenix, estrella fallecida cuya muerte forma parte del imaginario urbano angelino. Paralelamente, en Nueva York, Tito, joven músico de ascendencia cubana, navega un mundo de contrabando tecnológico y operaciones clandestinas. Sus encuentros furtivos con un anciano misterioso en Washington Square, a quien entrega iPods vírgenes bajo fachadas de periódicos, lo conectan con una red familiar de falsificadores. Su primo Alejandro, aprendiz del arte oscuro de la falsificación bajo la tutela de la tía Juana, representa la tensión entre el oficio criminal heredado y la búsqueda de legitimidad artística. Ambas narrativas convergen en una exploración donde la tecnología sustituye la experiencia vivida, los objetos digitales se convierten en moneda clandestina y los secretos circulan bajo la superficie de ciudades que ya no se reconocen.