Stoner narra la vida discreta y conmovedora de William Stoner, un hijo de granjeros de Missouri que llega a la universidad para estudiar agronomía y termina descubriendo, casi sin buscarlo, una vocación irrenunciable por la literatura.
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Stoner narra la vida discreta y conmovedora de William Stoner, un hijo de granjeros de Missouri que llega a la universidad para estudiar agronomía y termina descubriendo, casi sin buscarlo, una vocación irrenunciable por la literatura. La novela sigue su tránsito silencioso de las tareas del campo a las aulas, y el coste íntimo de elegir una vida que sus padres no pueden comprender del todo.
En 1910, con diecinueve años, William Stoner deja la pequeña granja familiar cerca de Booneville, Missouri, para inscribirse en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Missouri, animado por su padre, que intuye que la tierra ya no basta para sostener el futuro de su hijo. Stoner cursa sus primeros años con la misma entrega metódica y silenciosa con que trabajaba el campo, sin entusiasmo ni disgusto, hasta que un requisito curricular —un semestre de literatura inglesa impartido por el severo y enigmático profesor Archer Sloane— sacude por primera vez su manera de estar en el mundo. Una clase sobre un soneto de Shakespeare, en la que Sloane lo interpela directamente y él es incapaz de responder, marca el momento en que Stoner empieza a intuir, sin palabras todavía, que algo esencial se le ha revelado. A partir de ahí abandona en secreto las ciencias agrícolas por la filología, aprende latín y griego, y se sumerge en una soledad nueva, hecha de lecturas nocturnas en su modesto cuarto alquilado y de una creciente distancia respecto a los compañeros y a la vida que dejó atrás. Cuando Sloane le confiesa sin rodeos que su destino es la docencia —«es amor, señor Stoner, así de sencillo»—, Stoner acepta una vocación que no había buscado pero que ya lo poseía. La novela culmina esta primera etapa con su graduación en 1914 y con la difícil conversación en la que debe explicar a sus padres, venidos desde la granja para verlo licenciarse, que no piensa regresar a trabajar la tierra: una escena de ruptura callada, cargada de gratitud, culpa y una tristeza que ninguno de los tres sabe nombrar del todo. A través de esta historia de aprendizaje, el relato construye el retrato de una vida aparentemente menor —sin gestas ni reconocimiento— pero atravesada por una fidelidad íntima al conocimiento y a una forma de amor que se sostiene contra la indiferencia del mundo.