Un periodista londinense de buen aspecto y peor curiosidad viaja en autocar hacia la costa y, entre la niebla, presencia una mutilación imposible que al bajar del vehículo no ha dejado rastro alguno.
Descargar
Un periodista londinense de buen aspecto y peor curiosidad viaja en autocar hacia la costa y, entre la niebla, presencia una mutilación imposible que al bajar del vehículo no ha dejado rastro alguno. Ese instante lo desvía de su ruta y lo instala en Barren-Rotts, un pueblo marino donde corre la leyenda de un cofre de monedas de oro arrojado al mar por un noble desequilibrado y donde quienes bajan a buscarlo regresan sin ojos. Novela breve de terror popular que combina el enigma criminal, la superstición costera y una galería de mujeres que empujan al protagonista tanto como el misterio.
Todo empieza con un asiento junto a la ventanilla y una pelirroja espectacular sentada enfrente. Cornel Adder —alto, seguro de sí mismo, periodista de oficio y husmeador por vocación— viaja de noche por una carretera estrecha rodeada de tierra árida, con la intención de enlazar con el ferrocarril y seguir su camino. La niebla, densa y hecha jirones, reduce el mundo a dos metros de visibilidad. Cuando suben tres pasajeros con las cuencas vacías, el trayecto deja de ser una anécdota galante para convertirse en advertencia.
Su compañera de viaje, Bárbara, le habla de Barren-Rotts como quien describe una enfermedad: una localidad costera donde no se respira, donde han aparecido unos planos que nadie asegura haber visto y donde, cada dos por tres, alguien pierde los ojos en el fondo del acantilado. Allí, según la leyenda, un antepasado de los Wettersson —familia acomodada, dueña de la mansión que domina la colina, y de la que se murmura que a ninguno de sus miembros le funciona bien la cabeza— arrojó al mar un cofre repleto de monedas de oro. Entre el buscador y el tesoro se interponen unas plantas enormes, movibles, vivas, con un apetito muy concreto.
Una parada forzosa del autocar coloca a Cornel ante una escena que solo él ve: un rostro aterrado pegado al cristal, unas manos enguantadas, un pasamontañas gris y un puñal que trabaja deprisa. Cuando baja a comprobarlo, no hay cuerpo, no hay sangre, no hay nada. La única prueba resbala por la ventanilla y desaparece. Con esa certeza incómoda a cuestas, decide apearse en Barren-Rotts.
La novela despliega desde ahí un mapa humano tan inquietante como el paisaje: Verónica, una joven rubia a la que su tía Ágata ha echado de casa con una frialdad inexplicable; la propia Ágata, que oculta su desgracia tras unos ojos artificiales y termina narrando su descenso al acantilado como quien confiesa un pecado; la tabernera y sus dos hijas, con la menor demasiado interesada en el forastero; el inspector Wilde, menudo y miope, que llega tarde a un crimen cometido, quizá, en la habitación equivocada; y Bárbara, que dice buscar comprador para una casa heredada y marido rico para sí misma, y que ha logrado que la presenten al señor de Wettersson.
El relato avanza por acumulación de indicios y de silencios. Cornel calcula que en Barren-Rotts hay material para varios reportajes memorables y decide fingir que todo le parece normal mientras tira de los hilos: quién sabía qué, quién visitó la mansión de la colina, por qué una muchacha volvió de allí más asustada que dichosa. La pregunta que organiza el libro no es solo dónde está el oro, sino si las plantas devoradoras explican realmente todas las cuencas vacías del pueblo, o si alguien muy vivo y muy humano se ha servido de la leyenda para trabajar con un puñal bajo la niebla.
Escrita con la eficacia del terror popular —capítulos cortos, diálogo abundante, descripciones físicas sin remilgos y un protagonista que coquetea tanto como investiga—, la obra sostiene su tensión en el contraste entre lo cotidiano y lo atroz: una conversación banal en un autocar, una taberna con habitaciones alquiladas, un paseo por el acantilado, y en medio de todo eso, la mutilación como firma. El resultado es una intriga costera donde la codicia, la superstición y el deseo se alimentan de lo mismo.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.