En una sociedad del futuro gobernada por una Primera Dama eternamente joven y un presidente meramente decorativo, un puñado de personajes —un productor musical en busca de un pianista recluido, un psicoanalista que se niega a cerrar su…
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En una sociedad del futuro gobernada por una Primera Dama eternamente joven y un presidente meramente decorativo, un puñado de personajes —un productor musical en busca de un pianista recluido, un psicoanalista que se niega a cerrar su consulta pese a la ley, un burócrata recién divorciado y un músico fracasado que sueña con emigrar a Marte— revelan las grietas de un orden social sostenido por la ilusión, el control mediático y la estratificación económica.
La trama se desarrolla en una versión alternativa de Estados Unidos y Europa unificados bajo un mismo régimen político, donde el verdadero poder simbólico reside en Nicole, la Primera Dama que aparece de forma constante en televisión y frente a la cual la población entera vive en una suerte de devoción colectiva, mientras la figura presidencial que la acompaña cambia cada pocos años sin apenas relevancia real. Sobre este trasfondo se entrelazan varias historias: un ejecutivo de una compañía discográfica intenta convencer a un célebre pianista de dotes psíquicas, retirado en la costa, para que vuelva a grabar; un psicoanalista veterano desafía una nueva ley que prohíbe su profesión en favor de la terapia farmacológica, y descubre que ciertas fuerzas ocultas del poder necesitan en secreto que su oficio sobreviva; los habitantes de un enorme edificio de apartamentos comunales celebran una asamblea vecinal marcada por disputas sobre educación y convivencia, mientras uno de sus residentes atraviesa un divorcio repentino bajo una legislación permisiva; y un empleado fracasado en su examen de cultura política sueña con abandonarlo todo y partir hacia Marte en una nave improvisada, arrastrando la memoria de una vocación musical frustrada. A través de estas líneas paralelas, la obra construye el retrato de una sociedad rígidamente jerarquizada, vigilada por la tecnología y la propaganda, donde la autenticidad —artística, emocional, política— se vuelve un bien escaso y sospechoso, y donde los mecanismos oficiales de bienestar esconden intereses que muy pocos alcanzan a vislumbrar.