Un investigador privado de más de sesenta años borra deliberadamente parte de su nombre de la puerta de su oficina en la Avenida de Mayo, en plena Buenos Aires dictatorial.
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Un investigador privado de más de sesenta años borra deliberadamente parte de su nombre de la puerta de su oficina en la Avenida de Mayo, en plena Buenos Aires dictatorial. Cuando irrumpen dos visitantes —un dibujante italiano y otro francés— le encomienda la búsqueda de un artista desaparecido. Una investigación que atraviesa el mundo del humor gráfico, historias de exilio y grietas de vidas marcadas por la represión política.
Tinta China se desarrolla en el otoño de 1979, durante la última dictadura militar argentina. Su protagonista es Julio Etchenike, investigador privado que ronda los sesenta y siete años, marcado por una existencia dedicada al trabajo en las sombras. La novela abre con una imagen reveladora: Etchenike borra meticulosamente parte de su propio nombre de la inscripción en la puerta de su oficina ubicada en un antiguo edificio de la Avenida de Mayo. Este gesto, ejecutado con utensilios improvisados y deliberación serena, parece ser una decisión personal meditada durante noches de insomnio.
Cuando Hugo Pratt, dibujante italiano, y Jean Giraud, conocido como Moebius, artista francés, irrumpen en la oficina, la conversación que se desata pone en movimiento una investigación que recorre mundos de arte, exilio y desaparición. Los visitantes buscan a Osvaldo Pirozzi, Opi, dibujante argentino que ha vivido años en Barcelona. Opi viajó a Argentina para participar en la Bienal Internacional del Humor y la Historieta en Córdoba, pero tras sufrir un colapso fue internado en el Sanatorio Güemes y desapareció misteriosamente de su habitación.
Etchenike se verá envuelto en una trama que mezcla la búsqueda del artista desaparecido con su propia vida: simultáneamente recibe la llamada de un psicólogo solicitando su participación en las terapias de su nieto. La novela despliega así dos hilos narrativos entrelazados en el contexto de una ciudad bajo vigilancia, donde los desplazamientos cargan significados políticos precisos.
La prosa es rigurosa y observadora: se demora en detalles como el rasguño del cuchillo contra vidrio, la precisión de los gestos, la preparación del mate. El mundo de los dibujantes de humor gráfico funciona como contexto y metáfora sobre la capacidad de representar la realidad en tiempos de distorsión y represión.